sábado, 10 de junio de 2017

Utopía

Foto @chistianbatemann


Lo siento pero no voy a pedir perdón por ser lo que soy, por vivir como vivo, por soñar lo que sueño. No agacharé la cabeza ante ningún abuso de poder, ni giraré la vista ante ninguna injusticia. No dejaré que la opinión popular me arrastre con la marea y prometo sacar fuerzas para nadar a contracorriente todo lo que sea necesario. No negaré que me ahogo en la superficie y que me agota la banalidad de la vida corriente. Y por consiguiente acepto ser extraterrestre en el mismo planeta que me empeño en salvar encarecidamente de Este a Oeste.  Y lucho diariamente contra las bocas demasiado grandes con mentes demasiado pequeñas, contra la falta de implicación, de información y contra mi propia condescendencia. Y libro pequeñas batallas en la guerra por la justicia social. Por la dignidad de las personas que mueren en el mar, por las que saltan alambradas, por las que sufren maltrato, por las que viven con miedo, por las mujeres sin voz, por los inmigrantes sin suelo. Contra la banca de la indignidad, contra la hipocresía de la Iglesia, contra la falsa moral, contra el miedo al cambio, contra la impunidad judicial.

Y trato de luchar desde la felicidad, combatiendo la amargura de ir siempre en el bando perdedor, pero con la honestidad intacta y la ilusión de construir un mundo mejor. Porque lejos de estar llena de odio todo lo que tengo es amor, hacia un concepto, una idea, un compromiso sin género, raza o color. Un mundo en el que cualquiera pueda besarse el alma y las costillas, sin Dios, ni patria que se atreva a encarcelarte.

Se llama utopía a los sueños que se alcanzan con la lucha. Y yo elijo vivir luchando sin la ambición de cambiar el mundo, pero con la aspiración de contribuir en cada paso. Y es que a pesar de escoger el camino difícil, no sabría vivir de otra forma.

Así que hoy, lejos de pedir perdón pediría que se llenen las plazas, que derriben los escudos, que asalten el Congreso, que volvamos a nacer. Por nuestros muertos, por el silencio forzado, por la envenenada Transición. Por los Borbones, los ladrones y los consejos de administración. Por la gente sin casa, casas sin gente, por la asquerosa corrupción. Porque se caigan las mordazas, porque tiren las armas, porque no se vuelva a gobernar sin corazón.


Por eso, querida utopía, prometo defenderte hoy y siempre, durante todos los días de mi vida.







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